De la volubilidad del amor y otras pasiones incontroladas (I)
Fui esclava de las pasiones incontroladas. Tanto, tanto...que dejé de lado la razón humana para ahogarme en las profundas aguas de un sexo inaudito, de vergas impías, grandes, armoniosas, adorándolas, a su antojo, como manifestaciones artísticas. Hizo que me enamorara de todas. Y en todas buscaba calmar su pasión dibujada en forma de elegante pirámide invertida, que se ofuscaba en ser observada y loada antes de entrar en sus enrevesados y estrechos laberintos. Siempre sugerente, indomable, perspicaz, sutil, ingeniosa, liviana, diría que hasta a veces pedante. Libertina. Era todo lo que yo deseaba ser, la envidiaba, la adoraba. No formaba parte de mí aún estando en mí. Descontrolada. Tuve que hacerla mía. Y hoy la disfruto tanto, tanto...que no la comparto con nadie.
I Relación: una a una. Memorias de una mujer enamorada de su propio sexo
